¿Qué es una contractura muscular?

Una contractura muscular se manifiesta como una tensión, muchas veces con dolor y/o limitación del movimiento. Es una contracción prolongada e involuntaria de uno o varios músculos sin que llegue a haber lesión y que aparece normalmente al realizar un esfuerzo físico.

Un músculo se contrae y se distiende, pero en algunos casos, una zona muscular no se relaja y sigue contraída. Esta zona se mantiene dura e hinchada, de ahí que se note un abultamiento o hinchazón al tacto, vulgarmente llamado ‘nudo’.

Una contractura no es una lesión grave, pero si molesta y que nos puede impedir realizar determinados movimientos con normalidad y sin dolor. Es por eso que conviene saber identificarlas y diferenciarlas de otros problemas para después seguir unas sencillas pautas para minimizar sus efectos.

Una contractura puede aparecer en prácticamente cualquier músculo, pero sobre todo lo encontramos hoy día en espalda, hombros y cuello por el tipo de vida que llevamos. Por un lado la vida sedentaria crea tensiones por malas posturas, y por otro lado el ejercicio físico sin estiramientos posteriores o con inadecuada técnica lleva a este tipo de dolencias.

Tipos de contracturas musculares

  • Contracturas durante un esfuerzo: Al realizar cualquier ejercicio físico el organismo metaboliza sustancias activas para producir el movimiento. Este proceso origina que esas sustancias activas se transformen en sustancias de desecho o inactivas, los metabolitos. Cuando el esfuerzo es elevado, ya sea por la dureza del ejercicio, o por la falta de entrenamiento, el organismo es incapaz de depurar estos metabolitos a través del torrente sanguíneo, que se acumulan y generar dolor e inflamación.
  • Contracturas posteriores al esfuerzo: En este caso, la lesión aparece por la incapacidad del músculo de volver a su estado de reposo. En ocasiones, después de un ejercicio intenso en el que el músculo ha sido sometido a una gran carga de trabajo, este se ve incapaz de retomar su estado natural de relajación por la fatiga acumulada.
  • Contracturas residuales: Tras una lesión grave (una rotura de fibras, una fractura, un esguince, un fuerte traumatismo), la musculatura adyacente a la zona lesionada tiende a contraerse como mecanismo de protección. Esta contracción con fines protectores, hace que una vez subsanada la lesión principal, esa musculatura contigua quede contracturada.
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Factores que incrementan la posibilidad de contracturarse

Malas Posturas y hábitos poco saludables: Las personas que trabajan largas horas con el ordenador o sentados son los que actualmente más acuden en busca de masajes para aliviar dolores y contracturas musculares. Este tipo de contracturas suelen cronificarse ya que es muy difícil que la persona llegue a poder cambiar sus hábitos, a parte de que sus músculos y cadenas musculares ya se adaptan a esta posición. Por lo tanto, son personas que para tratar sus dolores cervicales y lumbares deberían hacer ejercicio a parte de acudir con regularidad al masajista.

masaje descontracturanteEscasa o nula actividad física: si una persona tiene una baja tonicidad muscular, algunos esfuerzos se pueden convertir en sobrecargas musculares. También el exceso de peso contribuye a que los músculos carguen con más peso del adecuado creando fatigas.

Contracturas en deportistas: La falta de calentamiento como de estiramientos posteriores en el deporte pueden provocar sobrecarga y acortamiento muscular. Además, una inadecuada técnica o unos esfuerzos repetidos o con demasiada carga pueden superar la capacidad de adaptación del músculo.

Personas mayores: Al igual que puede suceder en personas jóvenes con poco tono muscular, al envejecer perdemos elasticidad en músculos y articulaciones. Esto lleva a que las actividades diarias puedan llegar a ser demasiado trabajosas para una musculatura debilitada. Esto se puede retrasar llevando una vida activa y una buena alimentación.

Estrés: aunque pueda parecer a priori inconexo, el constante estrés de la vida diaria hace que nos tensionemos involuntariamente, creando así contracturas. Es común incluso en casos de bruxismo, que afecte a las cervicales, como ejemplo más ilustrativo. También a nivel emocional, aparecen contracturas y dolores de espalda por llevar exceso de cargas familiares y laborales.

Cómo tratar las contracturas musculares

Lo primero es descartar cualquier tipo de lesión. En caso de tener cualquier patología, ésta deberá ser tratada por un especialista médico o fisioterapeuta. Una vez que sabemos que no hay lesión, al ser una dolencia “leve” aunque molesta, se puede tratar siguiendo sencillos pasos:

En primer lugar, se debe reposar, especialmente evitando los movimientos o mecanismos que han llevado a crear la contractura. Si una repetición de un movimiento ha creado la contractura, lo mejor será dejar de hacerlo por un tiempo.

La aplicación de calor seco puede ayudar en los primeros momentos de la contractura. Podemos usar saquitos de calor o almohadas eléctricas. Con esto conseguiremos que haya mejor riego sanguíneo en la zona depurando el músculo y sentiremos un alivio inmediato. También podemos hacer baños de contraste alternando agua fría y caliente. Así conseguiremos estimular la circulación de la zona.

El uso de la farmacología es un tratamiento más agresivo, más químico, pero con unos resultados más rápido. Cualquier antiinflamatorio, ya sea de ingesta oral o de aplicación cutánea, ayudará a la recuperación de la zona dañada. Esto siempre deberá ir prescrito por un profesional médico cualificado. El fármaco no va a quitar el origen del problema en este caso, solo va a quitar los síntomas.

Los masajes son el método más eficaz y natural de todos los expuestos anteriormente. No existe mejor remedio ante una contractura que ponerse en manos de un profesional de las terapias manuales para erradicar la dolencia. En caso de tener una contractura, es posible que el masaje pueda llegar a ser doloroso, sobre todo en la zona de la contractura. Es algo normal y se irá aliviando según vaya mejorando la contractura.

Al ser una cuestión de sobrecarga, y ya que depende de las condiciones físicas y de hábitos de cada persona, no se puede predecir un patrón de tiempos de recuperación ni de sesiones de masaje. Como norma general se puede decir que cuanto menos tiempo lleve la contractura (menos crónica) mejor y antes evolucionará.

Se puede ver una evolución en un par de sesiones con uno o dos días entre ellas para valorar la mejoría y después proponer una continuidad.

Cómo prevenir una contractura muscular

Si tienes tendencia a sufrir contracturas musculares, lo mejor que puedes hacer es prevenirlas y distanciar las posibles recaídas.

Si tus contracturas vienen por una contracción sostenida en el tiempo, por motivos deportivos o laborales, es conveniente realizar pequeños descansos para estirar y recuperar movilidad de las zonas expuestas a ese movimiento. Por ejemplo, si estás mucho tiempo sentado delante del ordenador, es importante descansar cada hora y media durante diez minutos paseando y moviendo cuello y espalda.

Muchas veces, inconscientemente adoptamos posturas incorrectas, ya sea viendo la tv, en la silla en el trabajo o incluso durmiendo. Es más, en muchas ocasiones ni siquiera sabemos que tal o cual postura no es la adecuada. Por eso es importante informarnos de qué es una buena higiene postural y repasar todos los hábitos desde que nos levantamos hasta que estamos dormidos para ver donde podemos mejorar nuestra salud. Al fin y al cabo estas malas posturas son un mal acumulativo y cuanto más tiempo pasemos haciéndolas, más nos costará corregirlas, no solo por la costumbre, sino porque nuestros músculos se van adaptando a nuestros estilos de vida.

Antes de emprender cualquier actividad física, es importante adquirir la temperatura muscular y la activación articular adecuada.